Soy un físico que busca extraterrestres. Los OVNIS no me impresionan

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Hay buenas razones para creer en la inteligencia extraterrestre, pero ésta no es una de ellas.

El mes pasado, el programa televisivo noticioso “60 Minutes” presentó un segmento sobre avistamientos recientes de objetos voladores no identificados (ovnis) por parte de pilotos de la Marina.

Los relatos de los pilotos fueron reforzados por videos grabados por cámaras a bordo de sus aviones que capturaron lo que el gobierno ahora llama “fenómenos aéreos no identificados”.

A raíz de estos enigmáticos encuentros, la gente me pregunta qué pienso sobre los ovnis y los extraterrestres.

La solitaria Carretera Extraterrestre, cerca de la base militar ultrasecreta Área 51. Foto AP Photo/Laura Rauch.

Lo preguntan porque soy un astrofísico que está involucrado en la búsqueda de inteligencia extraterrestre.

Mis colegas y yo obtuvimos recientemente una de las primeras subvenciones de la NASA para buscar señales de tecnología avanzada en planetas fuera de nuestro sistema solar.

He argumentado que los 10 mil millones de billones de planetas habitables que ahora creemos que existen en el universo hacen que las civilizaciones extraterrestres sean mucho más probables.

Entiendo que los avistamientos de ovnis, que se remontan al menos a 1947, son sinónimos en la imaginación popular de evidencia de alienígenas.

Si bien hay excelentes razones para buscar vida extraterrestre, igualmente hay excelentes razones para concluir que no se ha encontrado evidencia de ella con los avistamientos de ovnis.

Comencemos con los casos de la Marina.

Algunos de los pilotos han dicho que vieron objetos voladores con formas inusuales.

Las grabaciones de las cámaras de los aviones muestran figuras amorfas que se mueven de maneras sorprendentes, incluyendo el parecer rozar la superficie del mar y luego desaparecer bajo él.

Esto podría parecer evidencia de tecnología extraterrestre que desafía las leyes de la física como las entendemos, pero en realidad no lo es.

Por un lado, los testimonios de primera persona, que son famosamente imprecisos para empezar, no brindan suficiente información para una investigación empírica.

Los científicos no pueden medir con precisión las distancias o la velocidad a partir del relato de un piloto.

“Se veía cerca” o “Se movía muy rápido” es demasiado vago.

Lo que un científico necesita son mediciones precisas desde muchos ángulos proporcionadas por dispositivos que registran varias longitudes de onda (visual, infrarroja, radar).

Ese tipo de datos podría decirnos si el movimiento de un objeto requería motores o materiales que los terrícolas no poseemos.

¿Quizás los videos ofrecen ese tipo de datos?

Tristemente no.

Los escépticos ya han demostrado que algunos de los movimientos que se ven en los videos (como rozar la superficie del mar) pueden ser productos de los sistemas de óptica y rastreo de las cámaras.

También hay objeciones de sentido común.

Análisis

Si los extraterrestres nos visitan con frecuencia, ¿por qué no aterrizan en el césped de la Casa Blanca y se anuncian?

Hay una narrativa recurrente, quizás mejor ejemplificada por la serie “Expedientes Secretos X”, de que estas criaturas tienen alguna razón misteriosa para permanecer ocultas.

Pero si la misión es estar ocultas, parecen sorprendentemente incompetentes.

Uno pensaría que criaturas tecnológicamente capaces de atravesar las alucinantes distancias entre las estrellas también sabrían cómo apagar sus luces altas de noche y eludir nuestras primitivas cámaras infrarrojas.

No me malinterprete. Leeré con gran interés el informe de inteligencia de EE.UU. sobre los ovnis . Creo que el fenómeno ovni debe investigarse.

Pero puede haber explicaciones más prosaicas.

Por ejemplo, es posible que los ovnis sean drones desplegados por rivales como Rusia y China para examinar nuestras defensas —incitando a nuestros pilotos a que enciendan sus radares y otros detectores, revelando así nuestras capacidades de inteligencia electrónica.

En una ocasión, EE.UU. utilizó una estrategia similar para probar la sensibilidad de los sistemas de radar soviéticos.

Esta hipótesis puede sonar descabellada, pero es menos extrema que aceptar una visita de extraterrestres.

Lo más frustrante de la nota de los ovnis es que eclipsa el hecho de que científicos como mis colegas y yo estamos en el umbral de reunir datos que pueden ser relevantes a la existencia de vida extraterrestre inteligente.

Pero esta evidencia involucra hallazgos sutiles sobre fenómenos lejanos en la galaxia, no hallazgos sensacionales a sólo unos kilómetros de distancia en nuestra propia atmósfera.

Pronto entrarán en operación poderosos telescopios que pueden ser capaces de detectar luces de ciudad en el lado oscuro de planetas que orbitan estrellas distantes o la marca distintiva de productos químicos industriales en la atmósfera de un planeta.

Si detectamos cosas así, mis colegas y yo haremos todo lo posible por eliminar toda fuente posible de error y toda posible explicación alternativa.

Esto requerirá tiempo y un esfuerzo cuidadoso.

La labor de la ciencia, aunque emocionante, es en su mayoría minuciosamente metódica y aburrida.

Pero ese es el precio que pagamos porque no sólo queremos creer, queremos saber.

Adam Frank es profesor de astrofísica en la Universidad de Rochester y autor. Su último libro es “Luz de las Estrellas: Mundos Alienígenas y el Destino de la Tierra”. Envíe sus comentarios a intelligence@nytimes.com.

(Con información de Clarín)

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