(VIDEO) Sokushinbutsu: así era la práctica de los monjes budistas que se momificaban en vida

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Los monjes percibían el acto de la momificación en vivo, el sokushinbutsu, como un acto de sacrificio para la humanidad.

La imagen típica de una momia es la de un cuerpo envuelto en telas de embalsamamiento, al más puro estilo de la tradición del antiguo Egipto, para conservarse en el mejor estado posible. Sin embargo, existieron otras maneras no tan conocidas ni difundidas, como una impresionante técnica japonesa conocida como sokushinbutsu, practicada por un puñado de monjes budistas.

Se cree que entre los años 1081 y 1877, una cantidad indeterminada de monjes japoneses Shingon se momificaron mediante la técnica del Sokushinbutsu, que se traduce como “convertirse en Buda en el cuerpo del monje” o “consecución de la budeidad en vida”. En términos prácticos, esta práctica consiste en deshidratar el cuerpo desde dentro hacia fuera.

Lo anterior se conseguía mediante una dieta estricta (consistente en semillas y frutos secos) que ayudaba a que los monjes eliminaran de sus cuerpos la humedad, la grasa y los músculos.

También bebían un té preparado con la corteza de un árbol, el urushi, que contiene un agente químico muy tóxico, el cual se mantiene en el cuerpo incluso después de morir. Este veneno provocaba vómitos recurrentes, lo que hacía que el monje eliminara fluidos corporales.

El dolor como vía para la Iluminación

El proceso hacía sufrir en extremo a los monjes, requisito básico para que lograran el anhelado estado de Iluminación. Una vez que el cuerpo lograba el estado de deshidratación adecuado, los monjes eran colocados en cajas de pino. En este sitio se les dejaba meditar durante sus últimos días en este planeta.

Dentro de la caja, el monje se seguía alimentando de raíces y llevaba consigo una pequeña campana, la cual tocaba una vez al día para indicar que seguía con vida. También había un pequeño orificio a través del cual podía respirar con ayuda de una caña.

En el momento en que la campana dejaba de sonar, se sellaba la caja. Pasados mil días, la caja se abría para comprobar si el monje había alcanzado el sokushinbutsu.

Si era así, la momia se situaba en un lugar visible en el templo y era adorado como un Buda viviente. En el caso de que el cuerpo no lo hubiera conseguido y estuviera deteriorado, se enterraba al monje con todos los honores.

Así fue el descubrimiento de los monjes y el ritual sokushinbutsu

Los cuerpos momificados de los monjes que practicaron el ritual sokushinbutsu se encuentran exhibidos en Dewa Sanzan, en la prefectura japonesa de Yamagata, un centro de peregrinación budista desde hace siglos.

La historia de cómo se descubrieron estas momias comienza en 1960, cuando a la región llegó un grupo de investigadores atraídos por los rumores sobre la existencia de estas momias. Su búsqueda los llevó a descubrir seis de ellas en cinco templos.

Al poco tiempo se formó un comité de investigación compuesto por varios especialistas de universidades japonesas para estudiar el fenómeno.

Un año después, un equipo de científicos e historiadores visitó los templos y pidió permiso a los monjes para estudiar las momias. El misterio que querían desentrañar era saber cómo se conservaban los cuerpos, teniendo en cuenta la elevada humedad del clima japonés.

Cuando comenzaron su investigación, descubrieron que los cuerpos momificados no lo estaban mediante el tradicional método de retirar los órganos de los cuerpos para evitar su rápida descomposición.

En el caso de las momias de Dewa Sanzan, sus órganos internos estaban intactos y todo indicaba que habían empezado a secarse antes de morir. Es decir, los monjes se momificaron a sí mismos.

El significado de esta práctica

Sólo unos pocos monjes selectos que realizaban el ritual conseguían ser momificados vivos. Los monjes percibían el acto de la momificación en vivo como un acto de sacrificio para la humanidad.

Esto les llevaría por el camino de convertirse en Buda en el cuerpo recibido para esta vida. Los monjes creían que esta práctica les permitía acceder al Cielo de Tusita, donde vivirían durante 1,6 millones de años.

Además obtendrían los poderes necesarios para proteger a la humanidad. Sin embargo, el método de momificación en vivo era extremadamente doloroso, ya que el proceso tardaba hasta tres años en completarse.

Los antecedentes y el último sokushinbutsu de la historia

La práctica del sokushinbutsu surgió gracias a Kukai, un monje del siglo IX y fundador de la escuela esotérica Shingon de budismo en el 806 d.C. Según un relato sobre este personaje, éste no murió en absoluto en el momento de su fallecimiento en el año 835 d.C.

La historia dice que Kukai llegó a su tumba arrastrándose y entró en un profundo estado de meditación. El relato también afirma que Kukai volverá a emerger dentro de casi 5,67 millones de años, momento en el que guiará a un determinado número de almas hacia la salvación.

A pesar de que el emperador Meiji prohibió en 1877 la automomificación en todo el país, el monje Tetsuryukay la llevó a cabo, pues llevaba preparándose para ello durante años. Fue el último monje que practicó con éxito el sokushinbutsu. En 1878 se selló su tumba.

Para evadir el castigo por desobedecer la orden imperial, los seguidores de Tetsuryukay cambiaron los registros del templo y alteraron la fecha de la muerte a 1862. Así, la momia del monje fue expuesta sin problemas en el templo de Nangakuji, donde aún puede verse en la actualidad.

En la prefectura de Yamagata, hay seis templos donde se pueden ver a las momias actualmente: Kaikoji, Nangakuji, Honmyoji, Dainichibo, Churenji y Zokoin.

(Con información de Muy Interesante)

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