Leo Stanley: el cirujano que experimentó con testículos de cadáveres para aumentar la virilidad masculina

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Leo Stanley comenzó a hacer experimentos con los reos más longevos de la prisión de San Quintín, California, donde trabajó como cirujano jefe.

Su deseo era que los hombres estadounidenses combatieran sus problemas de virilidad por medio de una intervención extraña, pero novedosa para la época. Para ello, el médico cirujano Leo Stanley comenzó a hacer experimentos con los reos más longevos de la prisión de San Quintín, California, donde trabajó como cirujano jefe entre 1913 y 1950.

Stanley era un fiel creyente de la eugenesia, la cual se refiere a la aplicación de las leyes biológicas de la herencia para buscar el perfeccionamiento de la especie humana.

Leo Stanley comenzó a reunir los testículos de los presos más jóvenes que morían ejecutados en San Quintín. Después los injertaba (otras fuentes decían que solo los colocaba sobre el escroto) en hombres mucho más viejos (y a menudo seniles) que cumplían cadena perpetua. Stanley llamó al procedimiento “cirugía de glándulas”.

El médico creía con firmeza que el cuerpo absorbía la testosterona, potenciando inmediatamente las propias hormonas del donante, que iban disminuyendo.

Los implantes de Leo Stanley en San Quintín

Un ejemplo de lo que pasaba en San Quintín ocurrió en mayo de 1928 cuando Clarence “Buck” Kelly, de 23 años, fue ahorcado ante una gran multitud en la prisión estatal de San Quintín por disparar en estado de embriaguez a tres personas durante un robo. Leo Stanley supervisó la muerte del joven Kelly. Enseguida practicó la autopsia en la cual extrajo los testículos juveniles de Kelly para injertárselos a un reo más viejo.

Según un artículo de Los Angeles Times de 1922, Stanley realizó 20 implantes completos de los testículos de los ejecutados a reclusos de edad avanzada. Por otro lado, cuando se agotaron sus suministros, el médico machacó los testículos de cabras, cerdos y ciervos hasta convertirlos en una pasta que inyectaba en el abdomen de los presos.

Algunos pacientes afirmaban sentirse más sanos y con más energía después de este extraño “tratamiento”. El Dr. Stanley también afirmaba que las glándulas de cabra curaban el acné, el asma y la diabetes.

El cirujano afirmó que la materia extraña fue “absorbida por el sistema del paciente sin el menor daño”. El autor del artículo de Los Angeles Times declaró que los experimentos funcionaban: los hombres estaban menos inclinados a cometer actos delictivos.

Por otro lado, un paciente de 72 años, que recibió glándulas de cabra, se volvió “tan vivo como un potro joven”. Los trasplantes completos fueron descritos como “notables”, aunque para algunos carecían de todo rigor científico.

Al aumentar el número de espermatozoides y mejorar el flujo sanguíneo a los testículos, los médicos pensaban que los hombres podrían recuperar su masculinidad natural (además de su agresividad, competitividad, salud física, optimismo y cabello), ya que ésta disminuía con la edad.

En una época en la que se experimentaba con la esterilización y los procedimientos médicos como forma de mejorar la sociedad y reducir la delincuencia, sus tácticas no se consideraban inusuales. Más bien, eran revolucionarias. El Dr. Stanley era alabado habitualmente por los medios de comunicación. Publicaciones como el San Francisco Examiner lo defendieron por innovar en el campo de la curación de la disfunción eréctil.

Medios como The San Francisco Gate afirma que durante 20 años, Stanley realizó más de 10.000 implantes testiculares entre los muros de la prisión estatal de San Quintín.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Stanley dejó San Quintín para servir como médico de la marina. Cuando regresó a la prisión, sus métodos favoritos estaban muy en desuso.

Stanley permaneció en San Quintín unos años más, retirándose en 1951 a su consulta privada en Marin. Murió a los 90 años, sin hijos.

(Con información de Muy Interesante)

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